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viernes, 11 de mayo de 2018

SANTO ESTEFANO BELBO, LAS TRUFAS Y LOS DAIMONS



 Cesare Pavese. 
Foto: http://griseldagarcia.blogspot.com/


Hace algún tiempo pasé una temporada en la región de Cuneo, al norte de Italia, andaba en cosas de cocina. Dormíamos en un pueblo cercano, un pequeñisimo pueblo en una montaña llamado Albareto de la Torre. Entre Dolcetos y Barolos conocimos esa región, entre turrones y mieles la saboreamos, entre verdes y ventiscas la caminamos. 

Los Fines de semanas paseabamos por la región y llegamos a otro pequeñito pueblo de San Estefano Belbo. Llegamos ahí cómo llevados por un guía invisible. Bello pueblito de la región, tranquilo, hermoso. Resultó que ese pueblito fue cuna de uno de los poetas que más aprecio, que no es otro que Cesare Pavese (1908-1950)

Entre esas montañas, entre esos árboles encontré su casa como escondida entre las raíces de una encina, ahí nació este daimon, este conector entre lo divino y lo terrenal. Como otros, forzó su salida de este mundo, ¿Qué oculta cosa vislumbraran en sus andadas los poetas? ¿Qué cosa los hace huir de este mundo? ¿Será tan hermosa la visión de otras realidades? ¿Cuál oscuro secreto conocen los poetas que huyen de esta vida? 

La única respuesta: la poesía misma. Acá pongo uno de sus poemas que más me gustan y me elevan.



Vendrá la muerte y tendrá tus ojos...

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

Versión de Carles José i Solsora

viernes, 30 de junio de 2017

RUBEN DARIO, LAS TARDES EN EL PATIO, LA POESIA Y EL AMOR









Desde aquellas tardes en el patio de Alto Chama, cuando debajo de una trinitaria leíamos poesía y tomábamos té, mi corazón montuno y temeroso aprendía de amor al son de esos versos deliciosos. Una amiga quien me acompañaba en mis intentos amorosos, nos hablaba de la rima exquisita de Sonatina. Mi corazón latía al ritmo de aquellos ojos negros detrás de esos lentes. Engañoso es el corazón sobre todas las cosas... A esa edad seguía a mi corazón torpemente, a esta edad lo sigo con un poco más de pericia. 

Dicen que Rubén Dario nunca había visto un nenúfar en persona, pero un día en París, en un jardín se extraño por tan extrañas flores y alguien le aclaro al maestro que eran aquellas que tanto había nombrado en poemas. Los poetas son seres extraños, suprahumanos, son seres que no necesitan de la experiencia como situación aleccionadora, o del contacto como experiencia educativa. Su vida trascurre en otros estadios, en otras dimensiones, su forma de ver el mundo, su forma de construirlo en las palabras crea nuevos mundos, nuevos universos, nuevas dimensiones en las que es un pequeño arquitecto, o un gran demiurgo. El poeta no escapa del mundo, esta en este mundo para mantener contacto con otros mundos, con la divinidad, con el fin último, con el infinito, o con la nada. 

Quizá sea la poesía el ritmo de las esferas, y puedan estos seres oír esos ritmos por medio de órganos sutiles  de su cuerpo, quizá tengan un oído desarrollado para oír los ritmos del universo, tal vez son conexión, contacto con otra forma de energía. En la antigüedad la poesía y la música no estaban separados como actualmente lo están, no se podía concebir los versos sin tomar en cuenta la música, no se interpretaba poesía sin instrumentos musicales. Recordemos los coros griegos, la tragedia, los aedos, la íliada que era cantada. Hoy día esa musicalidad se escapa, no se percibe o suena pero muy quedito entre verso y verso. Amo la musicalidad de la poesía que está ahí, a la vista de todos y nadie la ve, se esconde en medio de las letras, de las frases, de los párrafos. 

El primer libro que compre por voluntad y con mi propio dinero fue una edición de Ayacucho con la poesía de Rubén Darío. Aún la tengo, fue un siete de diciembre en la tarde, luego esa noche viajamos a las velas de Mucurubá. Mi corazón henchido de amor, mi corazón tratando de ser daimón, en su locura entraba en contacto como un poeta con dimensiones superiores, el amor me hacia enamorarme de más cosas que el objeto mismo de mi amor. El amor, que mueve el universo, el amor que me ha movido mi pluriverso, el amor y la poesía.

En mi familia había tradición de declamación me recuerdo niño dormido entre dos sillones, con la chaqueta de papá como cobija oyendo a lo lejos a Albio Contreras y a Héctor Troconis declamando. Mi abuelo mismo declamaba unos versos que él mismo escribió a San Cristobal de Torondoy, ese pueblito incrustado en el corazón de las montalas andinas... mis maestros me enseñaron la importancia de la memoria y la delicia de apoderarse de poemas, me enseñaron que la importancia de un idioma estaba dada por la calidad de sus poetas, me enseñaron a disfrutar de los poemas en su idioma original, me transmitieron su amor por los versos, la poesía, su musicalidad y su importancia suprema en el mantenimiento de la cordura del ser humano y del ritmo universal.

Mi amiga que me acompañó en mis aventuras amorosas en ese patio de la trinitaria, esa amiga que me mostró la sonoridad increíble de los versos de Barbas Jacob y de Borges, esa amiga partió pronto al encuentro de su destino, ella no aguantó el llamado de los otros estadios y se cansó de ser conexión, no hizo más poesía, se hizo ella misma poema. Por cierto, que esa amiga no era el objeto de mi amor, solo me acompañó en mis aventuras amorosas, ella vive aún en el viento de la tarde, en los rayos de luz entre las ramas de la trinitaria eterna.

Responso a Verlaine


       

1   Padre y maestro mágico, liróforo celeste 
    que al instrumento olímpico y a la siringa agreste
    diste tu acento encantador; 
    ¡Pánida! Pan tú mismo, que coros condujiste 
5   hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste,
    ¡al son del sistro y del tambor!

    Que tu sepulcro cubra de flores Primavera;
    que se humedezca el áspero hocico de la fiera,
    de amor, si pasa por allí;
10  que el fúnebre recinto visite Pan bicorne;
    que de sangrientas rosas el fresco abril te adorne,
    y de claveles de rubí. 

    Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo,
    ahuyenten la negrura del pájaro protervo
15  el dulce canto de cristal
    que Filomela vierta sobre tus tristes huesos, 
    o la harmonía dulce de risas y de besos,
    culto oculto y florestal

    Que púberes canéforas te ofrenden el acanto;
20  que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto,
    sino rocío, vino, miel;
    que el pámpano allí brote, las flores de Cíteres,
    y que se escuchen vagos suspiros de mujeres
    ¡bajo un simbólico laurel!
 
25  Que si un pastor su pífano bajo el frescor del haya,
    en amorosos días, como en Virgilio, ensaya, 
    tu nombre ponga en la canción;
    y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche,
    con ansias y temores entre las linfas luche,
30  llena de miedo y de pasión.

    De noche, en la montaña, en la negra montaña 
    de las Visiones, pase gigante sombra extraña,
    sombra de un Sátiro espectral;
    que ella al centauro adusto con su grandeza asuste;
35  de una extrahumana flauta la melodía ajuste
    a la harmonía sideral.

    Y huya el tropel equino por la montaña vasta; 
    tu rostro de ultratumba bañe la luna casta
    de compasiva y blanca luz;
40  y el Sátiro contemple, sobre un lejano monte,
    una cruz que se eleve cubriendo el horizonte,
   ¡y un resplandor sobre la cruz!
 
 
 
Sonatina 
 
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? 

Los suspiros se escapan de su boca de fresa, 

que ha perdido la risa, que ha perdido el color. 

La princesa está pálida en su silla de oro, 

está mudo el teclado de su clave sonoro, 

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. 


El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. 

Parlanchina, la dueña dice cosas banales, 

y vestido de rojo piruetea el bufón. 

La princesa no ríe, la princesa no siente; 

la princesa persigue por el cielo de Oriente 

la libélula vaga de una vaga ilusión. 


¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, 

o en el que ha detenido su carroza argentina 

para ver de sus ojos la dulzura de luz? 

¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, 

o en el que es soberano de los claros diamantes, 

o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? 


¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa 

quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, 

tener alas ligeras, bajo el cielo volar; 

ir al sol por la escala luminosa de un rayo, 

saludar a los lirios con los versos de mayo 

o perderse en el viento sobre el trueno del mar. 


Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, 

ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, 

ni los cisnes unánimes en el lago de azur. 

Y están tristes las flores por la flor de la corte, 

los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, 

de Occidente las dalias y las rosas del Sur. 


¡Pobrecita princesa  de los ojos azules! 

Está presa en sus oros, está presa en sus tules, 

en la jaula de mármol del palacio real; 

el palacio soberbio que vigilan los guardas, 

que custodian cien negros con sus cien alabardas, 

un lebrel que no duerme y un dragón colosal. 


¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! 

(La princesa está triste. La princesa está pálida.) 

¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! 

¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, 

(La princesa está pálida. La princesa está triste.) 

más brillante que el alba, más hermoso que abril! 


-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; 

en caballo, con alas, hacia acá se encamina, 

en el cinto la espada y en la mano el azor, 

el feliz caballero que te adora sin verte, 

y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, 

a encenderte los labios con un beso de amor». 

sábado, 26 de marzo de 2016

Capa y Gerda





Erne y Gerta


Capa y Cartier-Bresson conversan sobre una foto 
y el francés le pregunta cuántas fotos buenas ha hecho.
 “Dos, ¿y tú?”. Cartier-Bresson responde: “Una”.


El viejo contaba siempre que en Barquisimeto llegó una mujer enviada de Madame Blavatsky que vaticinaba el cambio de la humanidad por el nuevo lugar de la mujer en la sociedad, decía que hasta ahora el mundo había aleteado con una sola ala, que era el hombre, que con el nuevo lugar de la mujer en el mundo, sería la otra ala, que completaría a la humanidad y la haría elevarse a alturas inimaginables. Me parece bella la imagen, y por experiencia personal, lo creo.

Hay artistas solitarios, pero no es el caso de Robert Capa, que no es un sólo fotógrafo sino la con conjunción afortunada de Erne Ernö Friedmann y Gerta Pohorylle, que juntos publicaban sus fotos con el seudónimo: Robert Capa. Capa (Erne para la vida pública) y Gerda Taro fueron corresponsales de guerra, bueno lo fue Erne y Gerda lo acompañaba pero ambos fotografiaban al punto de que hoy es imposible decir qué fotos de de quién. 

De cualquier forma no importa que creemos en lo que dijo la enviada de la Blavatsky y recordamos el  mito de andrógino puesto en boca de Aristófanes por Platón. Así que en medio de terribles conmociones de la humanidad esta dupla, que era uno solo ser, o que se elevó al número tres, en dirección a la perfección, hicieron de las fotos más recordadas de la historia reciente del mundo, y convirtieron al foto reportaje como en una religión para los noveles fotógrafos. 

Su carrera marcada por la controversia de fotos montadas, dicen que son falsas El miliciano muerto, los milicianos disparando en campo abierto, (poco creíble) etc. Llamado mentiroso, de igual forma él y Taro fueron los primeros fotógrafos de la guerra civil española. Además de tener grandiosas fotos de la Segunda Guerra Mundial, la primera guerra de Indochina y otros conflictos bélicos del mundo. Son notables sus fotos de Picasso y de varias actrices de la época dorada de Hollywood. Además de las extraordinarias fotos y de que a la final fue el hombre el que se llevó las glorias, Capa fue co-fundador de la Agencia Magnum.

Creo que la pareja ríe desde donde estén y disfrutan de sus fotos juntos, como ejercieron la profesión. 


  
Miliciano muerto. Cerro muriano, Córdoba. 1936. El nombre del miliciano Federico Borrel García. 

lunes, 29 de febrero de 2016

Federico, mi niñez, Yerma y la poesía que no es útil

Foto: Federico al piano. revista abretelibro.com


Pienso en Federico, lo conocí como de niño, aún la poesía era algo útil en mi vida diaria, con sus rimas deliciosas me llevó a España, a lo andaluz, supe del flamenco, de Cervantes, baile una sevillana con la profe de flamenco en medio de un bar abarrotado, me enamoré con sus romances. Federico es como un amigo de infancia, que me enseñó los celos terribles en Yerma, trabajé en esa obra como Juan, y sufrí de unos celos que me mataban, pensé en la Carmen de Saura y la trama de la obra de me enrredaba con la realidad... Federico me enseñó la música de la poesía, junto a su piano oí las nanas más hermosas, con sus letras sufrí como personaje, como actor la muerte interior de un hombre. Quizá con Federico pasé de niño a adulto, no lo sé, pero como un buen amigo de la infancia, en estos días donde la adultes no deja que la poesía sea útil, el recuerdo de todo lo vivido junto o con Federico me reconforta, con la mirada segura del tiempo.

Así para retornar a este espacio olvidado de mí mismo que es este blog arranco con esto de Federico García Lorca, espero les guste tanto como a mí...



La Casada Infiel



Y que yo me la llevé al río 
creyendo que era mozuela, 
pero tenía marido. 

Fue la noche de Santiago 
y casi por compromiso. 
Se apagaron los faroles 
y se encendieron los grillos. 
En las últimas esquinas 
toqué sus pechos dormidos, 
y se me abrieron de pronto 
como ramos de jacintos. 
El almidón de su enagua 
me sonaba en el oído, 
como una pieza de seda 
rasgada por diez cuchillos. 
Sin luz de plata en sus copas 
los árboles han crecido, 
y un horizonte de perros 
ladra muy lejos del río. 



Pasadas las zarzamoras, 
los juncos y los espinos, 
bajo su mata de pelo 
hice un hoyo sobre el limo. 
Yo me quité la corbata. 
Ella se quitó el vestido. 
Yo el cinturón con revólver. 
Ella sus cuatro corpiños. 
Ni nardos ni caracolas 
tienen el cutis tan fino, 
ni los cristales con luna 
relumbran con ese brillo. 
Sus muslos se me escapaban 
como peces sorprendidos, 
la mitad llenos de lumbre, 
la mitad llenos de frío. 
Aquella noche corrí 
el mejor de los caminos, 
montado en potra de nácar 
sin bridas y sin estribos. 
No quiero decir, por hombre, 
las cosas que ella me dijo. 
La luz del entendimiento 
me hace ser muy comedido. 
Sucia de besos y arena 
yo me la llevé del río. 
Con el aire se batían 
las espadas de los lirios. 

Me porté como quien soy. 
Como un gitano legítimo. 
Le regalé un costurero 
grande de raso pajizo, 
y no quise enamorarme 
porque teniendo marido 
me dijo que era mozuela 
cuando la llevaba al río.

miércoles, 1 de abril de 2015

CURSO DE COLISIÓN CON LA BELLEZA




Aragüaney. Fernando Trabanco. www.artelista.com




Vi una frase en una película hace poco, decía: "Todos los días amanece y anochece, eso nos da dos oportunidades de ponernos en el camino de la belleza" Eso me ha puesto a reflexionar sobre la belleza y la cotidianidad. He pensado que ponerse en el camino de la belleza es dejarse chocar por ella en su curso. Es cierto que podría uno interponerse en el camino de un amanecer y un atardecer, iba pensando en eso mientras caminaba a buscar un paquete en la encomienda, y de pronto choco conmigo la imagen poderosa de un árbol hermoso, imponente, jubiloso y mudo, en medio de la calle, en medio del caos cotidiano. Una muestra de que la belleza está ahí siempre, pero sólo está para los ojos dispuestos, los oídos abiertos, la mente concentrada, el alma abierta, no lo sé.

En mi experiencia personal nunca he ido a buscar el curso de la belleza, creo que la belleza se desborda a sí misma y lo arrolla a uno, que si estas despierto, consciente, atento, podrías en lugar de interponerte con la belleza, ir directo a ella. Con la belleza me he sentido así, en curso de colisión, con probabilidades que me atropelle, la belleza es como un caballo descarriado, que se lleva por delante a quien sea. Dejamos de ver lo hermoso de lo aparentemente sencillo, o hacemos sencillo las maravillas cotidianas. Pienso que debemos estar atentos, debemos estar conscientes, la vida misma es bella, y cada instante es bello sólo en la medida que nos dejamos maravillar por el instante mismo. ¿Cómo no estar en el camino de la belleza si la belleza reina el universo? Todos lo que ocurre en el universo es bello, sólo debemos mirar con atención.

Así me he sentido arrollado, atropellado, inundado, arrasado, arrastrado por la belleza, aún en sueños, aún en medio de la oscuridad, me siento ínfimo en medio de un universo repleto de pequeñas cosas que no son más que la belleza desbordada. El día es más que la oportunidad de ponerse en el curso de la belleza, el día es la oportunidad de llenar nuestra vida de instantes que valen la pena. 

jueves, 24 de julio de 2014

BELLO POEMA QUE SILVA A BELLO






Andrés Bello


Lo único que le enseñan a un venezolano en la escuela sobre Andrés Bello es que fue maestro de Bolívar, un hecho quizá simple que hace virtuoso a Bello. Si no me cree pregúntele a cualquier venezolano sobre Bello, dirá eso y quizá, lo relacione con alguna avenida. Este hombre que no fue apreciado en su casa, aunque se le consideró un hombre culto, fue delegado junto con López y Bolívar para solicitar apoyo de Gran Bretaña en las acciones independentistas de Venezuela. Allí no sólo entró en contacto con Miranda, con todo lo que eso implicaba, sino que se quedó viviendo por casi veinte años. Tuvo un cargo diplomático allí, en donde luego de pasar penurias económicas, por las que no obstante siguió su labor como intelectual; fue contratado por Chile para ocupar un cargo en el Ministerio de Hacienda. 

En Chile desarrolló una labor extraordinaria: fundó la Universidad de Chile, de la que fue rector hasta su muerte, fundó El Colegio Santiago, participa en la edición del diario El Araucano, hace traducciones, escribe poesía, teatro, una gramática del español aún vigente, fue senador, profesor, legislador, redacta el código civil chileno, que destaca por su innovación; fue uno de los más grandes humanistas de América, fue poeta, filosofo, filólogo,traductor, político, jurista, muchos lo han considerado un sabio, entre ellos, yo.

Me decía un amigo que en Venezuela los héroes patrios están representados en sus estatuas espada en mano, mientras que en otros países, sus héroes esntán libro en mano. La verdad en Venezuela hay pocas estatuas de Bello, salvo la extraña coincidencia de las avenidas Andrés Bello de Mérida y de Caracas- que como dato curioso, ambas se conectan con sendas avenidas Urdaneta- y una bella estatua en el Panteón nacional, de verdad hay pocas monumentos en su nombre. Quizá hay más de los que yo menciono, pero el culto, el respeto a su obra, es casi inexistente.

Acá, dejo un pequeño homenaje, humilde, tratando de levanta un pequeño monumento en honor a este sabio americano que fue más apreciado en Chile que en las tierras que lo vieron nacer. Es un dato tanto sin importancia en Venezuela el billet
e de 50 bolívares tenía la imagen de bello, luego cambio al billete de 2000 bolívares, hoy en día ya no aparece Bello en ningún billete, ya que las denominaciones fueron cambiadas para rendirle culto al panteón santero venezolano. En Chile Bello sale en el billete de 20.000 pesos, el de más alta denominación. Parece un ejemplo del valor que le damos a las letras y sus hombres y la diferencia entre Chile y Veneziela, héroes de espada en mano y héroes de libro en mano.

Silva a la agricultura en la zona tórrida...
¡Salve, fecunda zona, 
que al sol enamorado circunscribes 
el vago curso, y cuanto ser se anima 
en cada vario clima, 
acariciada de su luz, concibes! 
Tú tejes al verano su guirnalda 
de granadas espigas; tú la uva 
das a la hirviente cuba; 
no de purpúrea fruta, o roja, o gualda, 
a tus florestas bellas 
falta matiz alguno; y bebe en ellas 
aromas mil el viento; 
y greyes van sin cuento 
paciendo tu verdura, desde el llano 
que tiene por lindero el horizonte, 
hasta el erguido monte, 
de inaccesible nieve siempre cano. 
Tú das la caña hermosa, 
de do la miel se acendra, 
por quien desdeña el mundo los panales; 
tú en urnas de coral cuajas la almendra 
que en la espumante jícara rebosa; 
bulle carmín viviente en tus nopales, 
que afrenta fuera al múrice de Tiro; 
y de tu añil la tinta generosa 
émula es de la lumbre del zafiro. 
El vino es tuyo, que la herida agave 
para los hijos vierte 
del Anahuac feliz; y la hoja es tuya, 
que, cuando de süave 
humo en espiras vagorosas huya, 
solazará el fastidio al ocio inerte. 
Tú vistes de jazmines 
el arbusto sabeo , 
y el perfume le das, que en los festines 
la fiebre insana templará a Lico. 
Para tus hijos la procera palma 
su vario feudo cría, 
y el ananás sazona su ambrosía; 
su blanco pan la yuca ; 
sus rubias pomas la patata educa; 
y el algodón despliega al aura leve 
las rosas de oro y el vellón de nieve. 
Tendida para ti la fresca parcha 
en enramadas de verdor lozano, 
cuelga de sus sarmientos trepadores 
nectáreos globos y franjadas flores; 
y para ti el maíz, jefe altanero 
de la espigada tribu, hincha su grano; 
y para ti el banano 
desmaya al peso de su dulce carga; 
el banano, primero 
de cuantos concedió bellos presentes 
Providencia a las gentes 
del ecuador feliz con mano larga. 
No ya de humanas artes obligado 
el premio rinde opimo; 
no es a la podadera, no al arado 
deudor de su racimo; 
escasa industria bástale, cual puede 
hurtar a sus fatigas mano esclava; 
crece veloz, y cuando exhausto acaba, 
adulta prole en torno le sucede. 
Mas ¡oh! ¡si cual no cede 
el tuyo, fértil zona, a suelo alguno, 
y como de natura esmero ha sido, 
de tu indolente habitador lo fuera! 
¡Oh! ¡si al falaz rüido, 
la dicha al fin supiese verdadera 
anteponer, que del umbral le llama 
del labrador sencillo, 
lejos del necio y vano 
fasto, el mentido brillo, 
el ocio pestilente ciudadano! 
¿Por qué ilusión funesta 
aquellos que fortuna hizo señores 
de tan dichosa tierra y pingüe y varia, 
el cuidado abandonan 
y a la fe mercenaria 
las patrias heredades, 
y en el ciego tumulto se aprisionan 
de míseras ciudades, 
do la ambición proterva 
sopla la llama de civiles bandos, 
o al patriotismo la desidia enerva; 
do el lujo las costumbres atosiga, 
y combaten los vicios 
la incauta edad en poderosa liga? 
No allí con varoniles ejercicios 
se endurece el mancebo a la fatiga; 
mas la salud estraga en el abrazo 
de pérfida hermosura, 
que pone en almoneda los favores; 
mas pasatiempo estima 
prender aleve en casto seno el fuego 
de ilícitos amores; 
o embebecido le hallará la aurora 
en mesa infame de ruinoso juego. 
En tanto a la lisonja seductora 
del asiduo amador fácil oído 
da la consorte; crece 
en la materna escuela 
de la disipación y el galanteo 
la tierna virgen, y al delito espuela 
es antes el ejemplo que el deseo. 
¿Y será que se formen de ese modo 
los ánimos heroicos denodados 
que fundan y sustentan los estados? 
¿De la algazara del festín beodo, 
o de los coros de liviana danza, 
la dura juventud saldrá, modesta, 
orgullo de la patria, y esperanza? 
¿Sabrá con firme pulso 
de la severa ley regir el freno; 
brillar en torno aceros homicidas 
en la dudosa lid verá sereno; 
o animoso hará frente al genio altivo 
del engreído mando en la tribuna, 
aquel que ya en la cuna 
durmió al arrullo del cantar lascivo, 
que riza el pelo, y se unge, y se atavía 
con femenil esmero, 
y en indolente ociosidad el día, 
o en criminal lujuria pasa entero? 
No así trató la triunfadora Roma 
las artes de la paz y de la guerra; 
antes fió las riendas del estado 
a la mano robusta 
que tostó el sol y encalleció el arado; 
y bajo el techo humoso campesino 
los hijos educó, que el conjurado 
mundo allanaron al valor latino. 
¡Oh! ¡los que afortunados poseedores 
habéis nacido de la tierra hermosa, 
en que reseña hacer de sus favores, 
como para ganaros y atraeros, 
quiso Naturaleza bondadosa! 
romped el duro encanto 
que os tiene entre murallas prisioneros. 
El vulgo de las artes laborioso, 
el mercader que necesario al lujo 
al lujo necesita, 
los que anhelando van tras el señuelo 
del alto cargo y del honor ruidoso, 
la grey de aduladores parasita, 
gustosos pueblen ese infecto caos; 
el campo es vuestra herencia; en él gozaos. 
¿Amáis la libertad? El campo habita, 
o allá donde el magnate 
entre armados satélites se mueve, 
y de la moda, universal señora, 
va la razón al triunfal carro atada, 
y a la fortuna la insensata plebe, 
y el noble al aura popular adora. 
¿O la virtud amáis? ¡Ah, que el retiro, 
la solitaria calma 
en que, juez de sí misma, pasa el alma 
a las acciones muestra, 
es de la vida la mejor maestra! 
¿Buscáis durables goces, 
felicidad, cuanta es al hombre dada 
y a su terreno asiento, en que vecina 
está la risa al llanto, y siempre, ¡ah! siempre 
donde halaga la flor, punza la espina? 
Id a gozar la suerte campesina; 
la regalada paz, que ni rencores 
al labrador, ni envidias acibaran; 
la cama que mullida le preparan 
el contento, el trabajo, el aire puro; 
y el sabor de los fáciles manjares, 
que dispendiosa gula no le aceda; 
y el asilo seguro 
de sus patrios hogares 
que a la salud y al regocijo hospeda. 
El aura respirad de la montaña, 
que vuelve al cuerpo laso 
el perdido vigor, que a la enojosa 
vejez retarda el paso, 
y el rostro a la beldad tiñe de rosa. 
¿Es allí menos blanda por ventura 
de amor la llama, que templó el recato? 
¿O menos aficiona la hermosura 
que de extranjero ornato 
y afeites impostores no se cura? 
¿O el corazón escucha indiferente 
el lenguaje inocente 
que los afectos sin disfraz expresa, 
y a la intención ajusta la promesa? 
No del espejo al importuno ensayo 
la risa se compone, el paso, el gesto; 
ni falta allí carmín al rostro honesto 
que la modestia y la salud colora, 
ni la mirada que lanzó al soslayo 
tímido amor, la senda al alma ignora. 
¿Esperaréis que forme 
más venturosos lazos himeneo, 
do el interés barata, 
tirano del deseo, 
ajena mano y fe por nombre o plata, 
que do conforme gusto, edad conforme, 
y elección libre, y mutuo ardor los ata? 
Allí también deberes 
hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas 
heridas de la guerra; el fértil suelo, 
áspero ahora y bravo, 
al desacostumbrado yugo torne 
del arte humana, y le tribute esclavo. 
Del obstrüido estanque y del molino 
recuerden ya las aguas el camino; 
el intrincado bosque el hacha rompa, 
consuma el fuego; abrid en luengas calles 
la oscuridad de su infructuosa pompa. 
Abrigo den los valles 
a la sedienta caña; 
la manzana y la pera 
en la fresca montaña 
el cielo olviden de su madre España; 
adorne la ladera 
el cafetal; ampare 
a la tierna teobroma en la ribera 
la sombra maternal de su bucare ; 
aquí el vergel, allá la huerta ría... 
¿Es ciego error de ilusa fantasía? 
Ya dócil a tu voz, agricultura, 
nodriza de las gentes, la caterva 
servil armada va de corvas hoces. 
Mírola ya que invade la espesura 
de la floresta opaca; oigo las voces, 
siento el rumor confuso; el hierro suena, 
los golpes el lejano 
eco redobla; gime el ceibo anciano, 
que a numerosa tropa 
largo tiempo fatiga; 
batido de cien hachas, se estremece, 
estalla al fin, y rinde el ancha copa. 
Huyó la fiera; deja el caro nido, 
deja la prole implume 
el ave, y otro bosque no sabido 
de los humanos va a buscar doliente... 
¿Qué miro? Alto torrente 
de sonorosa llama 
corre, y sobre las áridas rüinas 
de la postrada selva se derrama. 
El raudo incendio a gran distancia brama, 
y el humo en negro remolino sube, 
aglomerando nube sobre nube. 
Ya de lo que antes era 
verdor hermoso y fresca lozanía, 
sólo difuntos troncos, 
sólo cenizas quedan; monumento 
de la lucha mortal, burla del viento. 
Mas al vulgo bravío 
de las tupidas plantas montaraces, 
sucede ya el fructífero plantío 
en muestra ufana de ordenadas haces. 
Ya ramo a ramo alcanza, 
y a los rollizos tallos hurta el día; 
ya la primera flor desvuelve el seno, 
bello a la vista, alegre a la esperanza; 
a la esperanza, que riendo enjuga. 
del fatigado agricultor la frente, 
y allá a lo lejos el opimo fruto, 
y la cosecha apañadora pinta, 
que lleva de los campos el tributo, 
colmado el cesto, y con la falda en cinta, 
y bajo el peso de los largos bienes 
con que al colono acude, 
hace crujir los vastos almacenes. 
¡Buen Dios! no en vano sude, 
mas a merced y a compasión te mueva 
la gente agricultora 
del ecuador, que del desmayo triste 
con renovado aliento vuelve ahora, 
y tras tanta zozobra, ansia, tumulto, 
tantos años de fiera 
devastación y militar insulto, 
aún más que tu clemencia antigua implora. 
Su rústica piedad, pero sincera, 
halle a tus ojos gracia; no el risueño 
porvenir que las penas le aligera, 
cual de dorado sueño 
visión falaz, desvanecido llore; 
intempestiva lluvia no maltrate 
el delicado embrión; el diente impío 
de insecto roedor no lo devore; 
sañudo vendaval no lo arrebate, 
ni agote al árbol el materno jugo 
la calorosa sed de largo estío. 
Y pues al fin te plugo, 
árbitro de la suerte soberano, 
que, suelto el cuello de extranjero yugo, 
erguiese al cielo el hombre americano, 
bendecida de ti se arraigue y medre 
su libertad; en el más hondo encierra 
de los abismos la malvada guerra, 
y el miedo de la espada asoladora 
al suspicaz cultivador no arredre 
del arte bienhechora, 
que las familias nutre y los estados; 
la azorada inquietud deje las almas, 
deje la triste herrumbre los arados. 
Asaz de nuestros padres malhadados 
expiamos la bárbara conquista. 
¿Cuántas doquier la vista 
no asombran erizadas soledades, 
do cultos campos fueron, do ciudades? 
De muertes, proscripciones, 
suplicios, orfandades, 
¿quién contará la pavorosa suma? 
Saciadas duermen ya de sangre ibera 
las sombras de Atahualpa y Moctezuma. 
¡Ah! desde el alto asiento, 
en que escabel te son alados coros 
que velan en pasmado acatamiento 
la faz ante la lumbre de tu frente, 
(si merece por dicha una mirada 
tuya la sin ventura humana gente), 
el ángel nos envía, 
el ángel de la paz, que al crudo ibero 
haga olvidar la antigua tiranía, 
y acatar reverente el que a los hombres 
sagrado diste, imprescriptible fuero; 
que alargar le haga al injuriado hermano, 
(¡ensangrentó la asaz!) la diestra inerme; 
y si la innata mansedumbre duerme, 
la despierte en el pecho americano. 
El corazón lozano 
que una feliz oscuridad desdeña, 
que en el azar sangriento del combate 
alborozado late, 
y codicioso de poder o fama, 
nobles peligros ama; 
baldón estime sólo y vituperio 
el prez que de la patria no reciba, 
la libertad más dulce que el imperio, 
y más hermosa que el laurel la oliva. 
Ciudadano el soldado, 
deponga de la guerra la librea; 
el ramo de victoria 
colgado al ara de la patria sea, 
y sola adorne al mérito la gloria. 
De su trïunfo entonces, Patria mía, 
verá la paz el suspirado día; 
la paz, a cuya vista el mundo llena 
alma, serenidad y regocijo; 
vuelve alentado el hombre a la faena, 
alza el ancla la nave, a las amigas 
auras encomendándose animosa, 
enjámbrase el taller, hierve el cortijo, 
y no basta la hoz a las espigas. 
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida 
alzáis sobre el atónito occidente 
de tempranos laureles la cabeza! 
honrad el campo, honrad la simple vida 
del labrador, y su frugal llaneza. 
Así tendrán en vos perpetuamente 
la libertad morada, 
y freno la ambición, y la ley templo. 
Las gentes a la senda 
de la inmortalidad, ardua y fragosa, 
se animarán, citando vuestro ejemplo. 
Lo emulará celosa 
vuestra posteridad; y nuevos nombres 
añadiendo la fama 
a los que ahora aclama, 
«hijos son éstos, hijos, 
(pregonará a los hombres) 
de los que vencedores superaron 
de los Andes la cima; 
de los que en Boyacá, los que en la arena 
de Maipo, y en Junín, y en la campaña 
gloriosa de Apurima, 
postrar supieron al león de España».